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Esta ciudad tiene un problema: demasiado dinero

Esta ciudad tiene un problema: demasiado dinero

Vancouver, en Canadá, fue la primera ciudad que recibió una marea de inversiones provenientes de China. Ahora busca la manera de detener la llegada de ese capital

Ciudad de México.- Conocida primordialmente por sus hermosas vistas de la costa del Pacífico y su estilo de vida deportivo, Vancouver se ha convertido en una de las principales entradas de fondos cuestionables que llegan desde Asia a las economías occidentales.

Un académico acuñó el proceso como 'el modelo Vancouver', una sórdida mezcla de dinero limpio y sucio en casinos, bienes raíces y artículos de lujo que es posible por los lazos históricos con China y el laxo historial de combate a los delitos financieros en Canadá.

También es producto de uno de los flujos financieros más grandes del siglo XXI: el dinero de millones de pudientes chinos que abandona el país en busca de activos más seguros en el extranjero, en un claro desacato a los controles de capital impuestos por Beijing.

Desde mediados de 2014, la salida de capitales de China ha ascendido a 800 mil millones de dólares, de acuerdo con estimaciones del Instituto de Finanzas Internacionales.

En Vancouver, ese aluvión de fondos ha generado una dramática transformación económica, demográfica y física. Alberni Street, una calle común en el centro de la ciudad, ha dado la bienvenida en la última década a una boutique Prada de dos pisos y fachada de mármol, a una de las tiendas Rolex más grandes en Norteamérica y a una torre de 62 pisos con un hotel cinco estrellas de la cadena Shangri-La.

Todos tienen empleados que hablan mandarín. En mayo, Rolls-Royce escogió a Vancouver para develar su primer SUV de lujo, que tiene un costo inicial de unos 300 mil dólares, con una elegante recepción con champaña en su nuevo y suntuoso concesionario en un barrio exclusivo a un par de kilómetros de Alberni.

Seis de esos vehículos se vendieron el primer día, impulsados, quizá, por el fenómeno de los 'condominios para autos', garajes de lujo que están siendo construidos en un suburbio de mayoría asiática con un precio por unidad de 800 mil dólares canadienses (poco menos de 12 millones de pesos).

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Mucho del dinero que entra a Vancouver tiene un origen legal, pero las autoridades aseguran que una proporción sustancial es producto de la corrupción o del crimen, incluyendo la venta ilegal de opiáceos como el fentanilo.

La creciente indignación pública por el incremento astronómico de los precios de las viviendas y una economía distorsionada por extranjeros millonarios, ha hecho que el gobierno de izquierda de Columbia Británica, electo el año pasado tras prometer que pondría en cintura al mercado inmobiliario, instrumente un laboratorio global de políticas públicas diseñadas para restringir el arribo de dinero chino.

Como resultado, la provincia está elevando los impuestos y fortaleciendo las reglas de transparencia y la vigilancia a casinos e instituciones financieras.

El cambio será difícil y delicado. Vancouver ha estado vinculada a Asia desde finales del siglo XIX, cuando los primeros trabajadores chinos llegaron para ayudar en la construcción del tren transcanadiense, y la ciudad está orgullosa por su integración de los inmigrantes.

Con información de El Financiero

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