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Cultura y Coyuntura

Cultura y Coyuntura

En estos días se discutirán las iniciativas que la bancada de Morena en la Cámara de Diputados ha presentado para cancelar esa polémica reforma. Así, todo el esfuerzo del gobierno y los recursos para imponer su reforma -incluyendo la represión y el asesinato-, llevando campañas negras contra los maestros, que buscaron crearles una mala imagen, todo eso fracasó

La Educación Amenazada

No hay la menor duda de que la reforma educativa, tal y como la pensaron y la implementaron los intelectuales y funcionarios del régimen saliente del priista Peña Nieto, ya es historia.

En estos días se discutirán las iniciativas que la bancada de Morena en la Cámara de Diputados ha presentado para cancelar esa polémica reforma. Seguramente se modificarán de nuevo el Artículo 3º y 73 de la Constitución, así como la Ley General de Educación. Junto a ello, la Ley del Servicio Profesional Docente quedará definitivamente abrogada.

En su lugar se pondrán en la mesa del análisis las propuestas para una reforma alternativa con marcos constitucionales, legales y pedagógicos distintos a la actual.

Así, todo el esfuerzo del gobierno y los recursos para imponer su reforma -incluyendo la represión y el asesinato-, así como las estrategias que pusieron en juego organismos empresariales como el de “Mexicanos Primero”, para llevar a cabo campañas negras contra los maestros con las cuales buscaron crearles una mala imagen y hacerle creer a todo el mundo que ellos eran los responsables de la baja calidad de la educación. Todo eso fracasó.

Las cosas las presentaron a su modo y en esa estrategia quisieron identificar a los maestros con los líderes sindicales del SNTE. De esa forma creyeron que encarcelando a la Gordillo (que siempre formó parte del folklor político priista) y comprando al líder del SNTE, Juan Díaz de la Torre, podían parar la oposición de los maestros a esa mal llamada reforma, pero se equivocaron. Igual, pensaron que accediendo a las demandas parciales de la CNTE o reprimiéndolos podrían detener su oposición radical, pero se volvieron a equivocar.

En realidad, brotaron por todo el país expresiones de rechazo a la infame “evaluación” que acentuó los exámenes escritos de opción múltiple por encima de verdaderos estudios cualitativos que permitieran saber realmente los problemas y dificultades para mejorar la educación. La razón de ese rechazo fue muy simple: ponían en riesgo la seguridad en el trabajo a los maestros y los exhibía públicamente como “no idóneos”, es decir, ineptos; incluso a profesores con una larga trayectoria, bien ganada, de buenos educadores.

Así pues, la base magisterial se opuso a entregar sus plazas a un sistema burocrático que no quiso enfrentar en toda su complejidad la maraña que existe en la educación.

Evaluar la educación implicaba diagnosticar junto con el magisterio temas como el descuido a la formación en las normales del país, el abandono financiero y material a las escuelas de educación básica, las diferencias culturales de las distintas regiones del país, los bajos salarios a los mentores, la excesiva burocracia de la SEP, el contubernio de las autoridades con el sindicato en el tráfico de plazas, la creciente pobreza alimentaria de los niños, la poca inversión en programas de formación y actualización de profesores. Así mismo, evaluar la educación implicaba revisar críticamente el modelo educativo, los planes de estudio, los libros de texto, los métodos de trabajo, en fin, evaluar la educación definitivamente no podía reducirse a aplicar un examen estandarizado a los profesores.

¿Qué había en el fondo? Bajo el discurso del gobierno peñista acerca de la eficiencia, la calidad y la modernización de la educación y el afán de estigmatizar a los profesores, subyace un conjunto de intereses económicos y políticos escondidos: privatizar todo lo que puedan de la educación pública (Escuelas al Cien), controlar a los profesores con contratos temporales (Evaluación punitiva) y manipular a los padres de familia para orientar a largo plazo los procesos educativos (“Nuevo” Modelo Educativo) con el fin de hacer que las nuevas generaciones se formen en un esquema de sumisión política e ideológica pero con saberes elementales para convertirlos en seres productivos económicamente al servicio del mundo empresarial contemporáneo.

Ese esquema tendrá que cambiar. Si el rumbo que están tomando las cosas no se modifica, la reforma educativa peñista será derogada y con base en un proceso de debate y acomodamiento de las propuestas alternativas elaboradas por especialistas y docentes, se dará paso a un Modelo Educativo más acorde a las necesidades de desarrollo cultural y material de los mexicanos y del país.

Claro, hay aspectos que tienen que rescatarse como el concurso de plazas de nuevo ingreso para evitar la herencia, el tráfico y la venta de plazas. Pero la formación de los nuevos maestros y los criterios de su ingreso al sistema no pueden reducirse a un examen escrito. La formación de los nuevos profesores debe atravesar por cursar programas teóricos y acceder un tiempo suficiente a la práctica docente en ambientes profesionales.

Los finlandeses luego de prácticas pedagógicas en la normal básica durante un tiempo, llevan a los estudiantes a realizar estudios de maestría donde reflexionan y perfeccionan el saber práctico profesional que realizaron. Solo así pueden ingresar a la profesión docente. Eso posibilita una formación más sólida y un ingreso a las escuelas de educación básica con mucha más garantía de éxito educativo. El ingreso al servicio debe pasar por aprobar esos años de servicio y esa etapa de formación intelectual para reconstruir su experiencia. Por eso la reforma educativa que no rescate una visión de ese tipo, de mayor alcance formativo en las escuelas normales del país, fracasará.

Lo que debe revisarse con detenimiento también es la promoción de directores y supervisores. Esta debe rescatar la experiencia significativa y los años de servicio en la docencia, así como la formación teórica y técnica para acceder a un puesto directivo. No pueden promoverse directores y supervisores salidos de la Normal sin experiencia práctica nomás porque pasaron un examen.

Pero lo que sí debe entenderse claramente es que un examen no es sinónimo de evaluación, y menos si se utiliza con fines punitivos para quitar plazas y mantener a los maestros en un ambiente de miedo e inseguridad laboral. El examen con ese carácter debe desaparecer, pero la evaluación debe mantenerse con un sentido distinto. La evaluación debe entenderse como un análisis reflexivo sobre la experiencia académica en un ciclo o en un nivel educativo. Es un proceso si bien cuantitativo, principalmente cualitativo, donde se da cuenta de los avances y problemas a los que se enfrenta el trayecto educativo en el aula y en la escuela. Conocer la situación del proceso educativo permite elaborar planes para superar los problemas y elevar la calidad del proceso educativo.

Eso quiere decir revisar sistemáticamente las relaciones entre enseñanza y aprendizaje, entre maestro y alumno, entre trabajo colectivo e individual, entre la teoría y la práctica, entre la escuela y la comunidad, entre la función docente y la responsabilidad de los padres de familia, entre el aprendizaje con apoyo de los libros y el aprendizaje desde los aspectos vivos de la realidad en la que se desenvuelven los alumnos.

La llegada a nivel nacional de un gobierno que se plantea revisar las reformas de la derecha neoliberal del régimen dual de priistas y panistas, apunta a una reforma educativa en serio. Habrá que ver cómo se manejan las cosas en Sinaloa con la llegada a la SEPyC de un connotado defensor de la reforma peñista como lo es el Dr. Alfonso Mejía, ex director del grupo Mexicanos Primero. A primera vista apunta a un choque de miradas acerca de cómo impulsar la educación en las nuevas condiciones del país en nuestra entidad. A ver qué sucede.

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