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Cultura y Coyuntura

Cultura y Coyuntura

A pesar de que en el segundo debate de los presidenciales nadie profundizó en los temas planteados, éste sirvió para que los analistas sí profundizaran los tópicos ahí esbozados y para que la creatividad se desplegara entre moneros y cibernautas; sin embargo, el INE debe buscar un formato de mayor libertad para que no priorice tanto la exposición y el ataque, sino el análisis, la proposición y la manera en que se asegura implementar dichas propuestas

Debates, Hartazgo y Esperanza

En el segundo “debate” nadie profundizó en los temas planteados. No lo hizo ni el candidato de Peña Nieto (Meade), ni el candidato del voto útil empresarial (Anaya), ni el puntero en las encuestas (López Obrador). Eso sí, los adversarios de éste último, enredados en una lucha de cangrejos para bajarse mutuamente, iban armados con fusiles poderosos pero con balas que rebotaron por su mala fabricación. Al final ese “debate” sirvió para que los analistas sí profundizaran los temas ahí esbozados y para que la creatividad se desplegara entre moneros y cibernautas.

Anaya se vio ágil y provocador, con lengua fácil repitió propuestas que plagió de algunas ONG^s. Meade defendiendo las políticas del régimen priista y panista, también se levantó para acusar a López Obrador. Pero sus acusaciones resultaron infundios y al paso de los días ambos han quedado en el ridículo y hasta con posibles demandas por difamación de honor. Ni la sonrisa astuta del joven maravilla ni la supuesta seriedad de Meade pudieron hacer mella en la figura de AMLO.

A López Obrador se le vio menos cansado en este segundo “debate”. No es cualquier cosa recorrer el país una y otra vez. Y, efectivamente, en el 2º “debate” -si se puede decir debate-, Andrés Manuel se atrincheró en algunas ideas generales que ha considerado fundamentales, aunque no implicaban en estricto sentido, respuestas directas a los temas abordados.

Ok. Pero en parte ello se debió al propio formato utilizado. Aunque novedoso, ese formato no resolvió el problema de dar profundidad al diagnóstico y a las propuestas. Las preguntas de los ciudadanos invitados, planteaban retos no sólo de oratoria para repetir un guión preparado de antemano, sino de ahondar en el análisis y esclarecer las propuestas de cada uno de los candidatos. El INE debe buscar un formato de mayor libertad para debatir que no priorice tanto la exposición y el ataque, sino el análisis, la proposición y la manera en que se asegura implementar dichas propuestas.

Esto podemos constatarlo si recordamos las entrevistas que le hicieron a López Obrador por televisión los periodistas del diario MILENIO y luego los de Televisa en Tercer Grado, que mostraron que se pueden desarrollar los grandes temas del país permitiendo con suficiente tiempo exponer y debatir la problemática nacional, las propuestas posibles y utilizar si se quiere la ironía propia de las mentes inteligentes.

Por eso las críticas a los candidatos de que no respondieron puntualmente a las preguntas que se les hicieron, son válidas pero no tan válidas. Obviamente que todos esperaban que los adversarios de AMLO hicieran una alianza implícita para intentar descarrilarlo con acusaciones, incluso, falsas. Y que éste desarrollara una estrategia para mantenerse ecuánime, capotear los previsibles ataques de Anaya y Meade y dar a conocer sus propuestas (que, dicho sea de paso, algunas resultaron interesantes como la de convertir los consulados en EU en procuradurías de defensa de los derechos de los migrantes mexicanos). Sin embargo, “debate” propiamente dicho, no hubo.

Después de eso, se pueden establecer criterios para calificar el desempeño de los candidatos en el “debate” y hasta hablar de algún ganador, pero realmente no se logró el objetivo de lograr que sean útiles para elevar la calidad intelectual de los mexicanos. Los mexicanos están ávidos de comprender mejor lo que sucede en México, pero la oferta que se les hace para presenciar un “debate”, se ha reducido a un show mediático para ver quién es más astuto para descalificar al otro.

En Sinaloa, los debates entre los aspirantes al senado -que son los que hemos presenciado-, tienen limitaciones semejantes. No obstante, a pesar de todo, unos y otros convocan a los ciudadanos. Y como quiera que sea, el electorado nacional y de Sinaloa se está educando políticamente. El pueblo mexicano se está politizando, es decir, se está haciendo miembro y partícipe del conocimiento de los problemas y en la toma de decisiones, que tanta falta nos han hecho.

El famoso debate, a final de cuentas, no movió sustancialmente las preferencias del electorado. Hubo pérdidas para Meade y Anaya, pero más por sus acusaciones infundadas que por el propio “debate”.

Así pues, el hartazgo al que todo mundo ha hecho referencia y por el cual, se dice, López Obrador se ha mantenido como puntero en las preferencias ciudadanas, es real y sigue creciendo. Pero el hartazgo, solo, no ha hecho crecer la popularidad y la preferencia por AMLO. Hasta hace unos tres años el hartazgo estaba ligado a una desesperanza muy notoria. La gente no creía en el gobierno y en los políticos. La corrupción, la impunidad, la violencia y la creciente pobreza de nuestro país, no veían salida por ningún lado. Todo parecía un túnel sin luz al final. El descontento y el rechazo a la política predominaban en el escenario nacional.

Y, entonces, las cosas cambiaron, la gente empezó a comprender mejor la cruzada de López Obrador, su perseverancia, su congruencia, su flexibilidad para unir a personalidades de la derecha y la izquierda, del proletariado y la burguesía, de los distintos credos religiosos, regiones, edades, profesiones y sexos. La esperanza se abrió. De “loco” pasó a ser reconocido como el líder más importante de las últimas décadas. El gasolinazo hizo lo suyo, también la estafa maestra, la triangulación de dinero público a las campañas priistas, el asesinato de periodistas, las inmensas cantidades de dinero robadas al erario por los Duarte, Borge y tantos otros.

Ahí, López Obrador, ganándole el jalón a los otros dio a conocer su gabinete de gobierno, su Programa 2018, su increíble coalición electoral. Siguió recorriendo sin descanso los municipios del país. Sus mítines y concentraciones rebasaron cualquier expectativa. Su “techo” de preferencias siguió elevándose. Y las encuestadoras serias y no serias lo siguen ubicando como el puntero de la contienda por la presidencia. Es decir, el hartazgo encontró una salida.

Podrán seguir diciendo que López Obrador es un loco, que habla despacito y que sus ideas son viejas, que no habla inglés, podrán levantarle falsos y tergiversar sus propuestas. Podrán seguir haciendo una guerra sucia y una política de miedo, podrán seguir intentando la compra de votos. Pero todo eso junto no está alcanzando para remontar la caída de los candidatos del gobierno y de los empresarios de cúpula. Hagan lo que hagan, el hartazgo de los mexicanos ya no podrán revertirlo. Menos aún porque es un hartazgo con esperanza.

La conclusión es: el pueblo se levanta por un hartazgo exacerbado pero se levanta también porque ha encontrado una esperanza de cambio, ha vislumbrado una luz al otro lado del túnel. Los debates son solo un aspecto minúsculo en el panorama actual. No importa quién los “gane”. Así sea.

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