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Cultura y Coyuntura

Cultura y Coyuntura

Tras el debate de los candidatos presidenciables, se ha dejado ver una ofensiva de más grandes proporciones que tienen su origen, no sólo en los cuartos de guerra del gobierno priista que dirige la campaña del candidato oficial, o en la casa de campaña del “joven maravilla”, sino en el búnker de los grandes magnates del país quienes, a instancias del ex canciller foxista Jorge Castañeda y otros, han estado discutiendo una estrategia global

Después de su capoteo en el debate, López Obrador se tomó fotos con la gente del staff del evento y afuera del Palacio de Minería fue ovacionado al salir, por una multitud que luego se sumó a muchos otros que lo esperaban en el Zócalo para darle su respaldo. Al mismo tiempo real, en las redes sociales se desataba una guerra de memes, ingeniosos unos, y otros demasiado escatológicos, acompañados de comentarios a favor y en contra de los candidatos. La confrontación principal la protagonizaron los pejistas por un lado, que han dominado desde hace meses las redes sociales y, por otro lado, los bots panistas y priistas.

Pero, más allá, se ha dejado ver una ofensiva de más grandes proporciones que tienen su origen no sólo en los cuartos de guerra del gobierno priista que dirige la campaña del candidato oficial, o en la casa de campaña del “joven maravilla”, sino en el búnker de los grandes magnates del país quienes, a instancias del ex canciller foxista Jorge Castañeda y otros, han estado discutiendo en sendas y no tan discretas reuniones de jefes, una estrategia global que pueda implementarse desde el proto-partido constituido por el gobierno y las cúpulas partidarias del PRI y PAN con sus respectivas rémoras.

Veremos ya, en estos días, de un modo más definitivo, un conjunto de acciones tendientes a sacrificar a su fiel combatiente el señor Mead, para hacer el cambio de rieles y apoyar con todo a Ricardo Anaya (el “único candidato que puede derrotar a López Obrador”), o deshacerse definitivamente del joven que se les atravesó en el camino (las investigaciones en España que involucran a Anaya, sobre las redes de lavado de dinero en varios países, podría ser el nuevo detonante para sacarlo de la jugada), y que ayudó sin querer a frenar el ascenso del candidato del PRI para enfrentarse en mejores condiciones al polo de izquierda creado por AMLO. Esa es su disyuntiva inmediata.

Muy a pesar de la airada exigencia de la mayoría de los mexicanos para que se lleven a cabo elecciones libres y se deje de procesar un fraude de magnitudes mayúsculas como el que se ha estado fraguando, se percibe en el ambiente una estrategia de unidad de todos contra López Obrador. El proto-partido anti pejista está buscando hacerle el mayor daño posible, cueste lo que cueste.

La única fuerza que puede derrotar los afanes belicosos de los magnates y las cúpulas partidarias y del gobierno, es la que se anida en el despertar y en las convicciones de los mexicanos, individualmente o en sus familias o en sus asociaciones. Seguramente la gente se volcará a las casillas el primero de julio a votar por el cambio. Ahí, de manera pacífica, con valor cívico y sin aspavientos, los ciudadanos votarán por el cambio. No hay de otra. El régimen priista va en decadencia, se agotó.

El creciente interés político de la población, su mayor acceso a la información y a la verdad, el papel de los organismos civiles como “VERIFICADO” que ha desnudado muchas mentiras de Anaya y Meade, la menor credibilidad del pueblo a la “guerra sucia” y a la “guerra del miedo” contra el Peje, el crecimiento de las preferencias medidas por encuestadoras no oficiosas y el matiz que algunos comunicadores han tenido que hacer a sus comentarios al aire en radio, televisión, prensa escrita y virtual, son todo eso y más, la fuerza que debe persuadir a los hombres del poder a no caer en la tentación de detener el avance democrático, el cambio necesario.

Esa fuerza popular multiclasista y cada vez más consciente, tendrá que enfrentar la parcialidad de las autoridades del INE y del TRIFE que están permitiendo, por ejemplo, la difusión de millones de spots ofensivos e intrigosos con el fin de generar odio, división social y violencia. La circulación de camiones de pasajeros en la Ciudad de México con fotos de AMLO junto a Chávez. Los contratos del PRI con Cambridge Analytica para manipular la información en Facebook, el uso clientelar de los programas sociales, en fin, el monstruo tiene mil cabezas, afiladas garras y, está herido. Sus coletazos se harán cada vez más violentos en la medida en que avance su dolorosa agonía.

Pero por lo pronto esa fuerza popular multiclasista asestó un duro golpe a los afanes belicosos y perversos de los adversarios de Andrés Manuel López Obrador, ya que Demotecnia, empresa que fundó María de las Heras, pionera en realización de encuestas en el País, presentó los primeros resultados “posdebate” de una encuesta aplicada a 500 electores del país vía telefónica un día después del debate de los cinco candidatos a la presidencia de la república y, oh sorpresa:

El 34 por ciento de mexicanos, al decir de Demotecnia, cree que Andrés Manuel López Obrador sería “el mejor Presidente de México”. Luego, en segundo lugar, le sigue Ricardo Anaya, con 20 puntos. Muy abajo con 7 por ciento el “Bronco”, en cuarto lugar Meade y al final Margarita.

Otro dato es que un abrumador 84 por ciento aseguró que su intención de voto para la Presidencia “no cambió”, a pesar de lo que se diga o escuche en torno al debate.

¿Quién ganó el debate? Posiblemente Anaya, pero ¿quién sigue punteando en las preferencias electorales?, Indudablemente López Obrador.

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