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Cultura y Coyuntura

Cultura y Coyuntura

“El PRI no ha muerto”, frase muy cierta, no refiere únicamente al otrora invencible partidazo buscará reagruparse, a pesar de sus estruendosas derrotas, sino a que la cultura priista, incluyendo la mediocridad de sus políticos, sigue vigente en el quehacer de la clase política sinaloense, por lo que será el primer reto para Morena y sus aliados

POLÍTICA Y MEDIOCRIDAD

Indudablemente que la mayoría de los legisladores locales del PRI (y en buena medida los del PAN) han tenido una actuación mediocre. Siempre esperando línea, votando por lo que les decían los de arriba, defendiendo muchas veces lo indefendible, aprobando con el dedo levantado cuestiones que ni siquiera revisaban ni valoraban sus repercusiones, por ejemplo aprobar impuestos injustos o desviación de recursos. Ellos vivían felices cobrando sus dietas con toda puntualidad y gozando de sus inmerecidos privilegios al mismo tiempo que se pavoneaban altivos con cara de satisfacción por la soberbia que habían adquirido. Antes de ser diputados eran todo dulce buscando el voto de la gente. Después ya ni contestaban el celular, ni aceptaban reunirse con gente que buscaba solución a sus demandas.

Los priistas estaban acostumbrados a tener la mayoría en el Congreso del Estado y eso bastaba para utilizar la aplanadora y aprobar por ejemplo, sin pudor, las cuentas mochas de los gobiernos municipales o del gobierno del Estado (las cuentas de Malova del 2016, o el oscuro endeudamiento de este año del gobierno municipal de Culiacán). Sabían de su poder de mayoría, y por eso con la pereza acostumbrada y sin visos de dignidad, desechaban usar la razón y el discernimiento. Así, construyeron una dinámica sin sobresaltos. Solo había que ser disciplinados y aplastar cualquier oposición, burlarse de la gente que asistía al Congreso buscando solución a sus problemas y crearse una imagen en los medios, para legitimar sus malas decisiones frente a la población.

Su mediocridad como parte de la cultura política priista ha significado siempre perjuicio para el pueblo de Sinaloa, atraso, autoritarismo y corrupción.

Pero aquella frase de que “el PRI no ha muerto”, es cierta. No refiere únicamente a que el otrora invencible partidazo buscará reagruparse a pesar de sus estruendosas derrotas. Recordemos que en Sinaloa perdieron todas, las 7, diputaciones federales y los dos senadores de mayoría, 27 diputaciones locales de 40 (17 de Morena, 5 del PT y 5 del PES) y 12 presidencias municipales de 18 existentes en el estado. Entre ellas, las más grandes e importantes: Ahome, Culiacán y Mazatlán.

Esa frase refiere también a que la cultura priista, incluyendo la mediocridad de sus políticos, sigue vigente en el quehacer de la clase política sinaloense. De ahí un primer reto para Morena y sus aliados, ¿podrán los nuevos legisladores y equipos de gobiernos municipales construir nuevas formas de hacer política? Esa nueva clase política que arriba sin mucha experiencia, sin foguearse por mucho tiempo como oposición, sin mañas para sacar provecho personal de sus puestos, sin trayectorias personales de lucha social ¿podrá echar abajo la cultura política institucionalizada por el PRI en la entidad?

El reto es del tamaño de todo el país. Ahora el Ejecutivo y el Legislativo estarán en manos de esa nueva clase política. Miles y miles de ciudadanos que salieron del anonimato para tomar en sus manos las riendas de sus propias decisiones tendrán que dar forma a una nueva cultura en el ejercicio del poder. Muchos jóvenes, mujeres y algunos viejos luchadores sociales, empresarios, sindicalistas, dirigentes agrarios, artistas, académicos, estudiantes, amas de casa, defensores de derechos humanos, periodistas, deportistas, políticos noveles y muchos más que empezaron apenas sus trayectorias en la política, tendrán como tarea ponerse a la altura de las expectativas del pueblo mexicano que los puso ahí.

En Sinaloa, Morena y sus aliados asumen el Congreso del Estado siendo una mayoría, y asumen la mayoría de los gobiernos municipales. La pregunta es ¿tienen conciencia de que son mayoría, y del poder que pueden ejercer? ¿Se están preparando para asumir eficientemente esa gran responsabilidad? ¿Están ya elaborando su agenda legislativa y sus prioridades de gobierno? ¿Están recogiendo las opiniones de los equipos de campaña que jugaron un papel relevante en el proceso de promoción y defensa del voto? ¿Están ya reuniéndose con los grupos de la sociedad civil para escuchar sus propuestas? No se les ha olvidado que el poder reside en el pueblo?

Los mexicanos decidieron terminar con la hegemonía del régimen priista y la alternancia bipartidista PRI-PAN. El pueblo de México decidió quitar poder a los privilegiados de siempre y darle poder mayoritario a López Obrador y a Morena. Ahora AMLO es el presidente y MORENA es el partido mayoritario del país. Conquistó el gobierno federal. Tiene la mayoría de senadores y de diputados federales, la mayoría de los diputados en 22 Congresos Locales, tiene cinco gubernaturas –de nueve- (aunque aún Puebla está por decidirse). Tiene una legitimidad que nunca antes tuvo ningún partido o gobernante en toda la historia de México. Su discurso es pluralista y el gabinete de gobierno federal refleja conjugación de gente que sabe lo que está haciendo, con perfiles y propuestas que vienen a llenar huecos de una sociedad rezagada en lo económico, académico, político, social y cultural.

Así que, el compromiso es mayúsculo: tendrán que impulsar la transformación de la vieja cultura priista tradicional y devolverle al pueblo su capacidad de decisión.

En Sinaloa, nuestros diputados y presidentes municipales tendrán que demostrar que saben legislar y gobernar para la gente, tendrán que ponerse a tono con la nueva circunstancia: la necesidad de reconstruir el país y darle forma a la Cuarta República. Aquí no cabe la mediocridad. O somos o no somos.

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