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Cultura y Coyuntura

Cultura y Coyuntura

Hace días el pseudo periodista Ricardo Alemán retuiteó un mensaje que incitaba al asesinato de Andrés Manuel López Obrador. Ahora habrá que desentrañar qué existe detrás de esa acción. Acción que no se reduce a un simple comentario, intolerante e inocente

Alemán y El Miedo de los Empresarios

Hace días el pseudo periodista Ricardo Alemán retuiteó un mensaje que incitaba al asesinato de Andrés Manuel López Obrador. La reacción de todo el mundo fue contundente: en CHANGE.ORG circuló una petición y recabó en un día cerca de 50 mil firmas, para que el tipo fuera despedido inmediatamente de Once TV, Milenio, Foro TV e Imagen Radio, donde prestaba sus perversos servicios. Canal 11 y Televisa lo despidieron de manera fulminante. Bien merecido lo tiene, igual que la denuncia penal ante la PGR que ya tramitó el profesor en derecho Ricardo Peralta.

Ahora habrá que desentrañar qué existe detrás de esa acción. Acción que no se reduce a un simple comentario, intolerante e inocente. No. Ricardo Alemán incitó a matar a López Obrador, siguiendo la línea que ha tenido desde hace años. La pregunta es ¿Por qué y a quién beneficiaría una acción de tal magnitud?

La cercanía que tiene el periodista bizarro Ricardo Alemán, con el vocero de la presidencia de Peña Nieto y el papel que ha jugado como sicario del gobierno y del PRI, desde hace tiempo nos dan una pista más que clara de quién puede estar detrás de la amenaza de muerte lanzada contra AMLO. No olvidemos que estamos en medio de una guerra sucia implementada por el gobierno y que esa guerra se hace con la participación activa de un pequeño grupo de empresarios -el más poderoso del país-, agrupados en el Consejo Mexicano de Negocios y del Consejo Coordinador Empresarial (Carlos Slim, Germán Larrea, Carlos Hank, Alberto Bailleres, Emilio Azcárraga, Claudio X. González, entre otros), quienes están invirtiendo grandes sumas de dinero para intentar descarrilar a López Obrador, puntero en la carrera por la presidencia de México.

Esos empresarios están jugando sus cartas en el proceso electoral. No son neutrales y una parte de sus inmensas fortunas las están poniendo al servicio de las campañas de sus dóciles amigos como Meade y astutos como Anaya. Saben que si uno no puede, apostarán por el otro, al cabo las diferencias, entre ellos, son de matiz. Lo importante es que coinciden en lo fundamental, sostener el modelo de país que ha respondido muy bien a sus intereses.

Pero no solamente apoyan las estrategias diseñadas en las casas de campaña del PRI y del PAN, sino que intervienen activamente en el diseño y en la implementación de estrategias (que por cierto hasta ahora no les han dado resultados) para tratar de evitar por todos los medios que López Obrador y MORENA lleguen a la presidencia del país. Tienen miedo, mucho miedo de que sus amigos pierdan la presidencia. Eso les provoca un pánico incontrolable porque, con ello, perderían la posibilidad de seguir haciendo negocios al amparo del presupuesto nacional. Recuérdese solamente cómo desde el gobierno de Salinas de Gortari (donde se remataron 250 empresas de la nación con el voto del PRI y del PAN) se han venido privatizando empresas e instituciones nacionales como TELMEX, Ferrocarriles, Altos Hornos, Siderúrgicas, minas, playas, zonas ecológicas protegidas, aerolíneas, PEMEX, la CFE y un largo etcétera, y no dejan de echarle el ojo al sistema de educación pública, como lo hace el grupo de “Mexicanos Primero”, y al sistema de salud pública.

No siempre, como apunta Lorenzo Meyer, la relación entre gobierno y empresarios ha sido como ahora, de bonanza para el empresariado. Por ejemplo, en el gobierno de Lázaro Cárdenas las élites empresariales se toparon con pared. Sin embargo, los contubernios económicos y políticos entre los gobiernos priistas (incluyendo los doce años de gobiernos panistas) y los grandes corporativos empresariales han sido el signo dominante.

Así que, la disputa con López Obrador es de fondo. No es un asunto solo de que se les señale con nombres y apellidos de estar detrás de la guerra sucia contra él o de que se les critique su libertad de expresión como alegan, sino del grave daño que le han hecho a los mexicanos al saquear junto con los gobiernos priistas y panistas, los recursos financieros y los bienes nacionales en su beneficio. Efectivamente son dos proyectos de nación: el del saqueo por un lado y el de la reconstrucción nacional por el otro.

La gran empresa está por el primero, ha conseguido todo de manos de los gobiernos corruptos: contratos, concesiones, comodatos, exenciones de pago de impuestos o multas, información privilegiada para hacer negocios inmobiliarios, aprobación de leyes y reglamentos a su favor, impunidad a sus delitos. Ellos han detenido el crecimiento económico y la equidad. Les molesta que se hable de la pobreza y del desarrollo con justicia. Ellos mantienen los salarios deprimidos y han impulsado las reformas que perjudican y conculcan los derechos de los trabajadores, de los agricultores, de los pescadores, de los comerciantes, de los empleados al servicio del estado.

Ellos no han sido leales a México, han sido groseros con el país. Lo han saqueado. No respetan a los mexicanos. Es cierto, se levantan temprano a sumarle a sus bolsillos, pero los mexicanos de a pie se levantan más temprano que ellos pero no progresan, no por tontos o perezosos, sino porque tienen que trabajar por salarios de hambre, sometidos a un sistema que tiene en la punta de la pirámide a un pequeño grupo de los ricos más ricos del país.

Está claro. Es el temor de la cúpula patronal. Es la irracionalidad del miedo a perder sus privilegios. En lugar de buscar puntos de acercamiento con todos los candidatos y limar sus diferencias, han preferido tomar partido por el continuismo y la corrupción. Pero están equivocados. Ojalá recapaciten. Por lo pronto se les pescó a su profascista Alemán con el twit en la mano.

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